Parashat Vayshlaj
“Y le preguntó Yaakov: “Dime por favor Tu nombre” Y él respondió: “¿Por qué preguntas por mi nombre?”” (Bereshit 32:30) Yaakov está a punto de encontrarse con su hermano Esav después de más de veinte años. Yaakov sospecha que su hermano no trae las mejores intenciones y planea varias alternativas para el encuentro. 1) La diplomacia: le manda regalos para apaciguarlo. 2) La espiritual: le pide a D-os que lo salve de su hermano. 3) La confrontación: se prepara para matar o morir. La noche previa al encuentro, el ángel de Esav se le aparece y contiende con Yaakov. Cuando va a amanecer y el ángel no lo puede doblegar, éste le anuncia que su nombre será cambiado en un futuro a Israel. En ese momento también Yaakov le pregunta su nombre a lo cual contesta: “¿Por qué preguntas por mi nombre?” Suena extraño que el ángel en vez de responder, lo retruca con otra pregunta y Yaakov no vuelve a insistir para obtener una respuesta.
Se cuenta de un gentil que conocía a una familia judía vecina. Había muchos aspectos que le llamaban la atención acerca de ellos, pero en especial su aguda inteligencia ya que cada pregunta era contestada con otra pregunta. No pudo aguantarse y decidió inquirir acerca de este fenómeno. Cuando al día siguiente se encontró con su vecino le preguntó: - “¿Por qué, ustedes los judíos, a toda pregunta que se les hace responden con otra pregunta?”. A lo cual respondió el judío: - “¿Y por qué no?”
Si bien es cierto que es típico de la perspicacia judía contestar con otra pregunta, parecería no ser éste el caso. Explican los Sabios que la respuesta del ángel no fue otra pregunta sino la propia respuesta. Este ángel simbolizaba a Esav, el hijo que deseaba más la materialidad de este mundo que la espiritualidad. Cuando Yaakov le pregunta cuál es su nombre, quiere preguntarle, en otras palabras, ¿Cuál es tu naturaleza? ¿Cuál es tu filosofía de vida? A lo que el ángel le responde: “¿Por qué preguntas? Mi naturaleza es justamente la de no preguntar y de esa manera me evito problemas. ¿Para que quiero saber?, eso me compromete y no me conviene”. Allí radica la abismal diferencia entre los dos hermanos, las dos culturas. La cultura del ‘no preguntes’ y la cultura del cuestionamiento, el que nos permite crecer. ¿Por qué los judíos preguntamos y contestamos preguntando?, porque nuestra sed por el saber es infinita. Fuimos llamados el pueblo del libro, no porque tenemos una Torá en cada casa, sino porque la estudiamos en cada hogar. Un judío ignorante de su judaísmo, contradice su propia esencia. Nadie nace sabiendo. La gran diferencia la hace nuestra motivación por el saber, aunque nos comprometa, aunque nos exija un standard superior de moral y espiritualidad, aunque nos pida cambiar de hábitos, por aquellos que son más judíos. Este Yaakov luchó contra esta cultura y la venció, imprimió en cada judío el amor por el conocimiento y la motivación para el crecimiento personal, ¡¡Aprovechemos esta predisposición!!
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