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Parashat Vayerá
“Y dijo el Eterno: ‘El clamor de Sodoma y Gomorra es inmenso por su gravísimo pecado” (Bereshit 18:20)
Otros de los momentos trágicos de la historia de la humanidad, se relata en esta parashá.
Sodoma y Gomorra no parecen haber aprendido nada de la generación del diluvio.
D-os le informa a Abraham que va a destruir Sodoma y Gomorra a causa de sus graves pecados. Sin embargo se expresa diciendo que el clamor de ellos era inmenso, muy intenso. Es obvio que en un ambiente de semejante corrupción hay injusticias que generan un gran clamor ¿Qué nos quiere enseñar entonces esta puntualización?
Hace un tiempo atrás se transmitió por radio y televisión una campaña contra la corrupción, el diálogo más o menos decía así:
Una señora va a salir de un Súper y el guardia le dice: -Me permite revisar su bolsa por favor. -¿Qué dijo?- Pregunta incrédula la señora. -Si puedo ver su bolsa, por favor. -¡¡Pero qué le pasa!!¿A dónde vamos a llegar?- dice ofuscada. -Su bolsa por favor- le insiste. -Por favor, déjeme tranquila, tanto problema por un chocolate. El comercial terminaba diciendo: “Peor que el que viola la ley, es quien cree que está bien lo que hace”. El Maguid de Dubno solía decir:
“Un hombre honesto que vive una vida de modestia e integridad se quejará de la menor injusticia que se cometa. Pero quien es un ladrón y un bandido no se quejará sino hasta que la injusticia sea excepcionalmente grave, algo que hasta para él mismo es considerado un crimen. Y esto es lo que nos dice la Torá:
‘El clamor de Sodoma y Gomorra es inmenso’. Si la gente de Sodoma y Gomorra se quejan, esta es la prueba de la magnitud y gravedad de las injusticias que se cometían allí”.
Esto es aplicable a nuestra generación.
A veces ocurre que los niños insultan, agreden físicamente, no respetan a sus padres, mienten, se portan pésimamente mal, no respetan a los maestros y nadie se conmueve. El marido le grita a la mujer, se ofenden mutuamente y es algo común. Somos arrogantes, orgullosos y dominantes y no nos afecta.
¿Por qué? Porque quizá nosotros mismos ya nos hemos viciado con estas actitudes, a tal punto de perder la sensibilidad para darnos cuenta que es incorrecto. Ya a nadie le preocupa porque la norma de ha degradado.
En cada uno de los casos antes mencionados, la Torá nos viene a prevenir de no caer en este círculo vicioso que corrompe los estándares correctos. Si queremos saber por donde pasa el equilibrio, la norma, debemos buscar en la Torá, no en la sociedad. En algo que todavía permanece puro, que no está contaminado.
Por ejemplo, nadie creerá que entrar a un negocio y preguntar el precio de un producto que no tenemos intención de comprar está mal. D-os prohíbe esto ya que no sólo está prohibido robar dinero también está prohibido el robo del pensamiento (hacerle creer a alguien algo que no es así). ¿Acaso pensamos en el tiempo que le hicimos perder o las falsas expectativas que le generamos?
Deberíamos haber entrado expresando que sólo queremos saber el precio.
Como éste hay muchos otros ejemplos que nos permitirán afinar nuestra sensibilidad y reubicarnos. De nosotros depende.
SHABAT SHALOM
Rabino Ilán A. Rubinstein
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