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Parashat Lej Lejá
“Y haciéndole salir fuera le dijo: Mira el cielo y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Pues así será tu simiente” (Bereshit 15:5)
Abraham regresaba de rescatar a su sobrino Lot que había sido secuestrado en la guerra de los cuatro reyes contra los cinco. Una batalla milagrosa ya que Abraham luchó contra cuatro ejércitos con tan sólo 318 jóvenes y logró vencerlos.
Inmediatamente después de esta odisea, D-os se le presenta a Abraham en una visión y le dice: No temas Abraham, tu recompensa será muy grande”. Según el Midrash Bereshit Raba (44:5)
Abraham estaba preocupado porque luego de semejante milagro en la batalla de rescate de Lot, quizá había recibido ya su recompensa en este mundo y perdería su recompensa para el Mundo Venidero. Rabi Efraim de Lunchitz en su libro Kli Yakar cuestiona esta interpretación ya que Abraham le contesta a D-os diciendo: “Mi Señor, Hashem, ¿Qué me darás? Si yo no tengo heredero”. Por lo tanto no hay ninguna relación entre la respuesta de Abraham y la interpretación del Midrash que dice que Abraham temía perder sus méritos para el Mundo Venidero. Profundizando en la respuesta de Abraham a D-os cabe preguntarse ¿Qué tiene que ver la descendencia con la gran recompensa que D-os le quiere dar?
Sobre el nacimiento de Rashí, el comentarista por excelencia del Talmud y la Torá se cuenta una maravillosa historia. La posición económica de su padre era muy apremiante. Escasamente lograba alguna ganancia con la venta de vino, para poder mantener a su familia. Cierta vez, encontró un raro diamante con el que pensó se acabaría la pobreza. Se dirigió a la joyería para venderlo pero el joyero no tenía dinero para pagar el valor de tamaña piedra preciosa. Sin embargo, el joyero sabía de alguien que sí podía pagar su valor: el obispo. Circunstancialmente, el clérigo buscaba una piedra de características similares para adornar su cruz y decidió adquirirla. Cuando Rabí Itzjak se enteró del fin que pretendía dar a la piedra encontrada, se negó rotundamente a venderla. A sabiendas de que se la sacarían por la fuerza, la arrojó al mar. En ese mismo momento resonó una voz Divina que decía: "Por este gran sacrificio, recibirás un hijo que con su gran sabiduría eclipsará el brillo de todas las joyas existentes y la luz de su Torá, brillará eternamente". Al año siguiente tuvo un hijo al que llamó Shlomó, mientras decía: "Que Di-s le otorgue la sabiduría del Rey Salomón". Explica el Kli Yakar que está escrito en el Talmud (Baba Batra 116:a): “Dijo Rabi Shimón Bar Iojai: ‘Quién no deja un hijo que lo herede, Hashem se enoja con él’”.
Abraham fue el primer monoteísta de su época y su vida estuvo consagrada a D-os, su mayor recompensa era tener un hijo que también sirva a D-os y cada mitzvá que hiciera él y sus descendientes sería por su mérito y le correspondería a Abraham. La vida en este mundo es efímera y por lo tanto cualquier recompensa por más grande que sea es limitada, pero si los hijos siguen el camino de los padres, entonces la recompensa es tan amplia como el crecimiento exponencial de las generaciones que lo siguen. Abraham pidió una recompensa ilimitada que ninguna otra cosa le pudiera dar. Hashem quiere darnos esa bendición pero nosotros debemos traer hijos al mundo y educarlos para que esa bendición se cumpla, si no lo hacemos Hashem se entristece que hayamos desaprovechado esta maravillosa oportunidad. Nosotros también, hoy en día, deberíamos pensar que no hay mayor recompensa en la vida que ver a los hijos, los nietos y los futuros descendientes en el camino del judaísmo. SHABAT SHALOM
Rabino Ilán A. Rubinstein
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