El judaísmo comprende una religión, un pueblo y una tierra. El monoteísmo ético y el modo ejemplar de vivir la vida que marca a cada instancia de nuestras vidas desde que se nacemos hasta que dejamos este mundo físico, son los fundamentos del judaísmo.
Tres mil trescientos años nos hemos dedicado a sentar un ejemplo y buscar la concreción de las profecías: Un mundo de paz, armonía y espiritualidad.
“Mi enseñanza descenderá como lluvia, mi parábola fluirá como el rocio.” (Devarim32:32).
Parashat Haazinu contiene el último canto de advertencia de Moshé al pueblo de Israel antes de que él mismo dejara este mundo y el pueblo entrara a la tierra de Israel.
¿Por qué D-os comparó a las enseñanzas de la Torá con la lluvia?
Hace mucho tiempo vivía un hombre cuyo trabajo consistía en abastecer de agua una casa. Para ello disponía de dos cántaros que colgaba en los extremos de una vara. Uno de los cántaros estaba reluciente y sin una sola grieta mientras que el otro tenía numerosas grietas. Todos los días llenaba los dos cántaros y recorría el camino hasta la casa. Al llegar, el cántaro agrietado había perdido la mitad de su contenido. Un día, el cántaro agrietado, sintiéndose avergonzado, le dijo al aguatero: -Me siento triste, por mi culpa pierdes la mitad del agua por el camino y no obtienes todo el rendimiento posible. El aguatero simplemente le dijo: -Cuando hagamos el camino como todos los días, fíjate en las flores. Al llegar al final del camino el aguatero le preguntó al cántaro: -¿Has visto las flores? -Si, son preciosas- respondió el cántaro. A lo que el aguatero respondió: -Yo planté semillas a lo largo del camino y tú las has regado todos los días, convirtiéndolas poco a poco en hermosas flores.
Explica el Rab Simja Bunim de Peshisja que así como la lluvia cuando cae no se ve inmediatamente su beneficio, sino hasta después de un tiempo cuando la grama crece y reverdece, así también es la Torá que cuando se escuchan sus enseñanzas no parecen producir ningún beneficio inmediato pero a la larga notará la persona como ellas influyeron y mejoraron su alma.
Esta explicación se convirtió en realidad en el último tiempo cuando judíos de la Ex-Unión Soviética llegaron a Israel. Allí comenzaron a escuchar nuevamente el Yidish y las palabras del Pirkei Abot y como por arte de magia recobraron su identidad. Quizá ellos no sabían que esas palabras que repitieron infinidad de veces en el Jeider de pequeños, muchos años después, los iba a volver a conectar con sus raíces.
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