Rosh Hashaná
La Haftará del primer día de Rosh Hashaná nos relata acerca de Janá, la esposa de Elkaná, que después de tanto orar a D-os es recompensada con un hijo, el futuro profeta Shemuel. Sin embargo su súplica no fue incondicional, sino que ella hizo un voto diciendo:
“D-os si te dignares a mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí y dieras a tu sierva un hijo, yo lo dedicare al Señor todos los días de su vida”. Es la naturaleza del hombre dar por hecho todo lo que tiene, como si así debiera ser, sin condicionamiento alguno. Como si proveerle hijos es una obligación de D-os. D-os no nos debe nada y en su infinita bondad nos da sin merecimiento alguno. Por lo tanto deberíamos sentir esta gratitud y ser recíprocos con Él como lo hizo Janá.
El Rab Iosef Kahaneman, fundador de una Escuela Talmúdica Ponievitch de Bnei Brak, solía viajar mucho para conseguir fondos con los cuales continuar construyendo escuelas. En el curso de uno de sus viajes, pidió tomar contacto con cierto judío tremendamente rico y también tremendamente opuesto a la ideología religiosa del Rab. Pese a conocer su postura, el Rab insistió en verlo y, al final de una larga reunión durante la cual dio rienda suelta a toda su hostilidad contra la ortodoxia, respondiendo a la insistencia del Rab, el rico le hizo la siguiente oferta: –Yo estoy dispuesto a darle todo el dinero que necesite para la construcción de una escuela judía elemental, pero con una condición: que en esa escuela esté formalmente prohibido a los alumnos usar solideo, incluso para estudiar la Torá o para hacer las bendiciones antes de las comidas. –¿Si yo acepto esta condición, está usted dispuesto a facilitarme todo el dinero necesario? –preguntó el Rab. –Sí, y va a hacerme muy feliz contribuir con la construcción de una escuela judía de este tipo –respondió el rico riendo.
Un año más tarde el hombre fue invitado a la inauguración de la escuela que había costeado. Sobre la puerta de entrada del hermoso edificio se podía leer: “Nueva escuela para niñas de Bnei Brak”.
El mejor regalo que nos ha dado D-os son nuestros hijos, la mejor retribución que le pudiéramos dar son también nuestros hijos, como hizo Janá, educando a los niños con un judaísmo auténtico de amor a D-os, su Torá, su Pueblo y su Tierra.
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