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Parashat Ékev
“Si obedecen mis mandamientos que les ordeno hoy, de amar al Eterno su Dios, y servirlo con todo su corazón y con toda su alma” (Devarim 11:13)
Dos veces al día decimos el Shemá Israel y nos compenetramos con él, en el versículo antes mencionado hay una expresión muy importante.
Pregunta el Talmud (Taanit 2:a) ¿Cuál es el servicio del corazón?, contesta: “La Tefilá, es decir, el rezo”.
Según Maimónides, de aquí aprendemos la obligación de rezar, por lo menos una vez al día.
Cabe preguntarse: ¿Por qué no habló la Torá de una manera más clara, literal, y dijo: “rézale a Dios”, en lugar de hablar del servicio del corazón?
Incluso en esta parashá aparece la palabra “lehitpalel” con respecto a Moshé que rezó por el pueblo ¿Por qué entonces no usó en aquí esta misma palabra?
D-os quiere enseñarnos la esencia de este precepto.
¿Cuántas veces nos paramos con un Sidur en la mano; nosotros estamos presentes, pero nuestras mentes y corazones están ausentes?
Dice un antiguo dicho que los mejores negocios se cristalizan en medio del rezo. La Torá lo llamó “Avodá shevalev”, “el trabajo del corazón”, no “Avodá shevapé o sfataim”, no el “trabajo de la boca, de los labios”; el corazón aquí es lo importante.
Imaginémonos parados delante de D-os y diciendo: “Refaenu Hashem”, cúranos Hashem, y al mismo tiempo gesticulando al vecino que ya vamos, que nos espere, ¿Qué diría D-os?: “¿Realmente te interesa que te cure?, porque de la manera que lo dices no parece”.
A pesar de que está prohibido rezar frente a un espejo, los invito a que lo hagan para que luego puedan disfrutar de toda una vida de buenos rezos. Mírense al espejo y díganme que opinarían ustedes de alguien que les habla de esa manera. Les pide curación como si le estuviera dictando una carta a la secretaria a las corridas, la tefilá no es una carrera contra el reloj, es un ejercicio espiritual y de meditación. Hay quienes creen que los que se tardan más de “lo normal” no saben leer bien hebreo o que tienen problemas de pronunciación. No, definitivamente no, lo que ocurre es que tratan de sentir el rezo, y como dicen, a pesar de que no siempre se puede, “más vale morir en el intento”.
Por lo tanto la Torá nos enfatiza que no es el acto mecánico el verdadero rezo, el rezo que es motivado por el corazón es el deseado.
¿Quién sabe si frente a D-os, los rezos mecánicos y monótonos sean considerados parte de este precepto?
Debemos sensibilizarnos y aprender a dialogar con D-os, un diálogo sincero, no prefabricado.
Así se expresaron nuestros Sabios, un dicho que resumen todo lo antes dicho: “Un rezo sin intención genuina es como un cuerpo sin alma”.
Devolvamos el alma al cuerpo, devolvamos el fervor al rezo.
“Los que siembran con lágrimas, cosecharán con alegría” (Tehilim 126:5), si en el rezo ponemos lágrimas, un poco de sentimiento, entonces veremos las alegrías. SHABAT SHALOM
Rabino Ilán A. Rubinstein
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