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  Judaísmo

El judaísmo comprende una religión, un pueblo y una tierra. El monoteísmo ético y el modo ejemplar de vivir la vida que marca a cada instancia de nuestras vidas desde que se nacemos hasta que dejamos este mundo físico, son los fundamentos del judaísmo.

Tres mil trescientos años nos hemos dedicado a sentar un ejemplo y buscar la concreción de las profecías: Un mundo de paz, armonía y espiritualidad.      

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Parashiot Matot-Masei


“Designaréis ciudades adecuadas para refugio de quienes entre vosotros hubiera matado sin querer” (Bamidvar 35:11)


En la parashá de Masei se nos relata acerca de las ciudades refugio. Las mismas servían para que escapara allí un hombre que hubiera matado a su compañero por accidente, sin intención.

Él debía permanecer allí hasta que muriera el Sumo Sacerdote, si salía del perímetro de la ciudad corría el peligro de ser ajusticiado por algún familiar de la víctima.

 Era como una reclusión a largo plazo pero con un poco más de libertad que una cárcel ya que en la ciudad podía hacer su vida de una manera casi normal, con la sola limitante de no poder salir de allí.

Esta ciudad estaba habitada mayoritariamente por los Leviim, los maestros del pueblo de Israel, con ellos conviviría hasta que pudiera salir de allí con la muerte del Sumo Sacerdote.

Por qué la muerte del Sacerdote permitía la salida a la libertad, es una pregunta que no trataremos en este escrito, pero hay otra pregunta que inocentemente pudiéramos hacer: ¿Si la muerte se produjo involuntariamente, por qué debe ir a la ciudad refugio, debería quedar libre?


El incendio en la guardería del IMSS “ABC” en Hermosillo, Edo. de Sonora
La tragedia de niños más grande de la historia de México

De acuerdo con los peritajes dados a conocer, la PGR señaló que el siniestro se originó dentro de una bodega de papelería de la Secretaría de Finanzas del gobierno de Sonora, debido a que en el centro de esa área un aparato de enfriamiento, conocido comúnmente como “cooler”, sufrió un sobrecalentamiento eléctrico que provocó la fundición de sus componentes de aluminio (a unos 600 grados centígrados), y una vez que alcanzó el estado líquido, el aluminio escurrió hacia el piso, cayendo sobre cartón y papel hasta incendiar la bodega.


El fuego se originó de esa manera y, al igual que el humo tóxico que provocó el incendio, la conflagración se extendió en un tiempo de entre 20 y 25 minutos a las otras dos áreas de la nave industrial, en una de las cuales se encontraba la guardería, y en la otra utilizada también como bodega por la Secretaría de Finanzas de Sonora.


En el caso de las bodegas gubernamentales, agrega, “no había extintores” ni sistemas de alarma contra humo.


Acerca de la guardería, el peritaje de la PGR indica que el techo de poliuretano “se desprendió, cayendo al interior de la estancia infantil, así como sobre el mobiliario, al mismo tiempo que el inmueble fue invadido por humo en su totalidad y de manera acelerada, lo que generó inicialmente la intoxicación de menores, a la vez que una rápida propagación del fuego”.


Fueron héroes ciudadanos quienes evitaron que la tragedia fuera aún mayor tras la explosión y posterior incendio en una guardería infantil privada, denominada ABC, que operaba en las más terribles condiciones de seguridad, a un costado de una gasolinera, un gran taller de llantas y sin salidas de emergencia o extinguidores, en el sur de la capital sonorense.


Fueron los empleados de la gasolinera ubicada en la calle de Mineros y Periférico Sur, quienes utilizaron sus extinguidores para entrar junto con varios peatones que pasaban por el lugar, para ayudar a las maestras en las tareas de rescate de los menores.


“Los niños salían sin piel, totalmente quemados, yo saqué cuando menos a tres y quería sacar a más pero ya llegaron los cuerpos de seguridad y nos retiramos, adentro no se veía nada, con el extinguidor iba apagando el plafón del techo para poder llegar a donde parecía que había niños”, narró Othón Mendoza Solís, de 32 años de edad, empleado de la gasolinera ubicada justo frente al jardín de niños.


Señaló que vio cuando menos 30 cuerpos de niños con la piel totalmente quemada, algunos muertos y otros aún con vida.


Sergio Castro, otro empleado de la gasolinera, dijo que fueron 5 en total los trabajadores de la estación que entraron a sacar a varios niños, todos en condiciones muy graves.


“El muchacho de la Cheyenne que iba pasando, que arriesgo su vida y su carro para tumbar las paredes, ese fue el héroe, yo no sé que hubiéramos hecho si él no abre esos huecos, porque por ahí salió mucho humo y se pudo sacar a más niños”, señaló.


Los empleados de la gasolinera explicaron que todo ocurrió muy rápido, que fueron los mismos civiles quienes rescataron a la mayoría de los niños y las propias empleadas del Jardín de Niños, algunas de ellas salían con los brazos totalmente quemados y cargando niños ennegrecidos por las quemaduras y con tiras de piel colgando de sus cuerpecitos.


Calcularon que los cuerpos de seguridad habrían tardado entre 7 y 10 minutos para empezar arribar al lugar.

Más de un mes después de la tragedia seguimos escuchando los debates de qué tanta culpa tienen los dueños de la guardería o los órganos gubernamentales que permitieron una guardería en un lugar sin las mínimas condiciones de seguridad.


Pero para la Torá no hay dudas de la culpabilidad de los implicados. Hay un dicho Rabínico que dice (Talmud Baba Kama 26:a)

“El hombre es siempre responsable por sus actos, tanto sin querer como adrede, tanto despierto como dormido… por siempre paga el daño completo”.

El hombre por naturaleza es conciente y debe permanentemente cuidar sus acciones.


¿Cuál fue el causal de semejante desgracia?


No, no nos equivoquemos. No fue el “cooler” que sufrió un recalentamiento eléctrico, fue la negligencia de no haber tomado todos los recaudos de seguridad de una guardería para niños que no debía estar en ese lugar, al lado de un depósito de papeles y frente a una gasolinera.


¿Por qué la Torá impone exilio a quien mató sin querer?


No porque justo cuando estaba talando el árbol su vecino arrimó su cabeza. Sino porque no generó las medidas de seguridad que hubieran evitado la muerte del prójimo. Por lo tanto “sin querer” en el lenguaje judío, quiere decir “no me cuidé lo suficiente” y un descuido que causa semejante tragedia no puede ni debe quedar impune.

SHABAT SHALOM


                               Rabino Ilán A. Rubinstein






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