Parashat Bamidvar
Parashat Bamidvar
“Y le dijo el Eterno a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo, el día primero del segundo mes del segundo año después de la partida de la tierra de Egipto” (Bamidvar 1:1)
La Torá fue entregada al pueblo de Israel en el desierto. ¿Qué virtud tiene el desierto para merecer ser el escenario de la entrega de la Torá?
Los Sabios han dado varias respuestas. Según mi parecer la respuesta la podemos encontrar en la raíz de la palabra ‘Midvar’, es decir ‘desierto’.
La misma palabra ‘Midvar’ se puede leer como ‘Medaver’, es decir, ´hablar´. Vivimos en un mundo que no descansa, a la noche tenemos luz artificial, podemos proyectar las voces a miles de kilómetros por medio del radio, teléfono o la televisión, tenemos infinidad de diversiones y entretenimientos para distraernos en nuestros ratos libres.
Cada mañana nos levantamos pesadamente para comenzar un nuevo día, corremos a higienizarnos y entre las mismas corridas saludamos a nuestros hijos que ya se están yendo a la escuela.
Una persona me contó una anécdota que muestra qué insensibles nos hemos vuelto.
Hace unos años la familia decidió mudarse de una casa a un departamento en Interlomas.
Cuando les dieron la noticia a sus hijos, esperaron una reacción de alegría. Todos, menos la hija de 7 años, gritaron de felicidad. La chiquita miró a su papá y le preguntó con tono de preocupación: -“¿Papi me puedo llevar la paloma a la otra casa?”
- ¿Paloma? – La miró asombrado el padre- ¿Qué paloma?
- La que tiene el nido en la cornisa de mi habitación, ¿no escuchas todas las mañanas su gorgoteo? – le dijo la hija asombrada.
El papá se quedó pensativo y se recordó del ruido de la afeitadora eléctrica, de la cafetera, de la secadora de pelo y hasta del microondas, pero por primera vez se dio cuenta que tan cerca estaba de ese nido pero que tan lejos estaba de poder escucharlo.
La mañana siguiente, se despertó y prestó atención, sí se escuchaba la paloma y sus polluelos que siempre habían estado allí.
¿Qué le falta al mundo? Un poco de silencio, para poder escuchar nuestra voz interior, para poder estar con nosotros mismos y con D-os, para poder reconocer a D-os a través de Su Obra, para poder tomar decisiones con calma.
En el inhóspito desierto, no hay nada de lo antes mencionado, no hay nada que nos pueda distraer. Este es el lugar ideal para poder escuchar a la voz de la espiritualidad, que D-os nos ‘hable’ y nos transmita su mensaje sin ningún tipo de interferencia.
El desierto era el oasis de paz necesario para este suceso trascendental. Nuestros patriarcas eran pastores y se recluían en el desierto mientras apacentaban al ganado para hallar la profecía.
Cuando la vida nos abruma con su vorágine, recuerda que podemos volver al monte de Sinaí, a acallar todas las voces para escuchar una vez más el sabio consejo de D-os.
SHABAT SHALOM
Rabino Ilán A. Rubinstein