El motivo principal de la Hagadá es cumplir con la mitzvá de transmitirles a nuestros hijos la historia de la liberación del pueblo de Israel de la tierra de Egipto y la entrega de la Torá en el Monte de Sinaí.
La Hagadá, toma de varios versículos de la Torá el concepto de cuatro hijos distintos, uno sabio, otro malvado, uno inocente y otro que no sabe preguntar.
Aparentemente estos son los cuatro hijos típicos con los que debemos trabajar en el gran desafío de la educación.
Sin embargo, a través de mi propia experiencia como padre y educador, me parece que la idea literal de los cuatro hijos no es exacta.
Esta anécdota de Jaimito nos puede ayudar.
La maestra estaba enseñando la historia del Tanaj y preguntó a los alumnos.
-¿Quién sabe con qué mató David a Goliat?
Jaimito levanta ansioso la mano. –Sí Jaimito, puedes responder- le dice la maestra.
-Con una moto, maestra- dice emocionado.
La maestra sacude su cabeza y en tono de incredulidad le pregunta: -¿Cómo que con una moto?, ¿no será con una onda?
Y Jaimito le dice: -Ah, usted quería saber la marca.
Hoy los sicólogos redefinen a la inteligencia a través de sus potenciales, la llaman la inteligencia emocional, es decir, un niño es inteligente para algo pero no para otra cosa. Este mismo concepto podemos aplicarlo a los hijos. Cuando la Torá nos habla de cuatro hijos no quiere decir que sólo hay cuatro y no más, sino que ellos son como los primarios como los colores primarios de los cuales por combinación se arman los otros colores.
Ante una situación dada hay cuatro actitudes: la de genuino interés, como el sabio, la de desprecio, como el malvado, la de indiferencia, como el inocente y la de ignorancia como el que no sabe preguntar. Depende para qué a veces un niño muestra más o menos interés o es indiferente o se rebela. O en su mayoría puede ser como el sabio pero combinado con la ignorancia.
De acá vemos que no hay cuatro tipos de hijos, sino muchísimas combinaciones distintas según el tema y la situación. Si no entendemos esto nunca lograremos educar correctamente a los niños. Jamito es el prototipo del niño inteligente, pero la escuela no es su fuerte, lo que genera indiferencia e ignorancia pero se motiva al ver que cree saber algo, mejor que los demás.
Hay niños que les encanta leer, pero no estudiar Torá. Algunos estudian bien Torá pero no se puede sentar a rezar o viceversa. Otros necesitan ejemplos concretos porque se pierden en lo abstracto.
Cuando asimilamos este concepto, entenderemos que nuestros hijos no son malvados, sólo en algunas cosas se rebelan. Nuestros hijos no son desinteresados, sólo en algo específico no tiene interés, ni porque sea muy bueno para recordar canciones quiere decir que debe ser igualmente bueno para la química o la biología.
En este Seder que viene aprendamos a conocer a nuestros hijos para poder explotar su potencial único, que sólo él y nadie más puede aprovechar.