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Parashat Vaykrá El libro de Vaykrá es conocido como Torat Cohanim, es decir, las leyes de los Cohanim, lo sacerdotes, quienes hacían las ofrendas en el Templo.
Cada ofrenda tenía su particularidad, tanto en quien podía tener provecho de ella, tanto en qué partes se quemaban y cuales no, o bajo que circunstancias personales se traían, si eran voluntarias u obligatorias. Sin embargo todas tenían algo en común: la sangre y el cebo (jelev) debían ser ofrecidos en el Altar. ¿Por qué justamente estos dos componentes del animal debían ser ofrecidos? Un hombre recibe la revelación de D-os y le pregunta:
-Dios, ¿Cuánto tiempo es para ti mil años? -Hijo mío, eso es para mí como un segundo. El hombre se queda pensado y luego le pregunta: -Y ¿cuánto sería para ti un millón de dólares? -Eso sería como un centavo. El hombre pensado todo eso le dice a Dios: -Dios ¿por qué no me regalas un centavo? -Sí, espérame un segundo. Explica el Shaar Bat Rabim que el cebo y la sangre simbolizan dos aspectos de la actitud del hombre con respecto a los preceptos, los preceptos activos (Asé) y los prohibitivos (lo Taasé).
Para combatir la pereza en el cumplimiento de los preceptos activos necesitamos de presteza y entusiasmo. Para evitar trasgredir los preceptos prohibitivos necesitamos de la pereza y flojera. Lamentablemente ocurre a menudo que cambiamos estas cualidades y usamos la flojera para cumplir los preceptos activos y usamos la presteza para trasgredir los prohibitivos. Estas son las dos partes del animal que se ofrecen en el altar como expiación, la sangre que representa el calor, el responsable del abuso de la presteza para cometer errores; y el cebo que representa la frialdad, el responsable del exceso de pereza para no hacer buenas acciones, las expresiones talos como: “espérame un segundito, ya mero, ya voy”. Ambas partes las traemos delante de Dios y le mostramos que nuestra intención es volver a utilizarlas canalizándolas para el lado positivo.
SHABAT SHALOM Rabino Ilán A. Rubinstein
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