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Parashat Ki Tisá Esta parashá tiene 139 versículos. Una cantidad promedio de versículos para las Parashiot de la Torá. Pero algo aparentemente desproporcionado ocurre con la división de los versículos en las siete Aliot o porciones de la parashá. Las dos primeras Aliot de Cohen y Leví juntas tienen 92 versículos y las cinco Aliot restantes sólo tienen 47 versículos. ¿A qué se debe esta desproporción? ¿Por qué la mayoría de la parashá se lee para el Cohen y el Leví? Moishe y Shloime, plantados en medio de una callejuela del shtetl, su pequeño villorrio, discutían a los gritos. Ya estaban por irse a las manos cuando pasó por allí el Rabino, se detuvo y les pidió que le contaran por qué discutían. Cada uno de ellos le dio su versión de la disputa; el Rab los escuchó atentamente, y tironeándose de la barbita les propuso lo siguiente: –La cuestión que me plantean no es simple, pero si se comprometen a acatar mi veredicto, voy a tomarme un día para pensarlo y mañana sin falta voy a pasar por la casa del que, a mi juicio, no tiene razón, e invitarlo a que vaya a casa del otro a disculparse.
Moishe y Shloime se comprometieron a acatar la decisión del rabino y, efectivamente, al día siguiente éste pasó por casa de Shloime y le ordenó que fuese a pedirle disculpas a Moishe.
De inmediato corrió la novedad por el shtetl, y en cuanto se enteró del veredicto, exultante, reunió Moishe en su casa a parientes y vecinos, para que viesen con sus propios ojos a Shloime pidiéndole disculpas. Pasaron un par de horas de espera, pero finalmente golpearon a la puerta. Moishe esperó que volviesen a golpear antes de acudir a abrir. Cuando golpearon por tercera vez se encaminó, lenta y majestuosamente hacia la puerta, seguido por la multitud de parientes y amigos. Abrió la puerta y allí estaba, efectivamente, Shloime en persona, que en cuanto vio a Moishe le preguntó: –Dime, ¿aquí vive Iankl? –¿Iankl? ¡No! –respondió Moishe, asombrado. –¡Oh, disculpa...! –exclamó Shloime, y se fue. Explican los Sabios que la única tribu que no participó en el pecado del becerro de oro fue la tribu de Leví de donde también salen los Cohanim. Por este motivo dividieron la parashá de manera que todo el suceso del becerro de oro fuera leído por el Cohen y el Leví, para no avergonzar al resto del público que es Israel, de los errores de sus ancestros. Sobre la gravedad de este acto dijeron nuestros Sabios en el Pirkei Avot (3:11): “Quien avergüenza a su compañero públicamente no tiene parte en el Mundo venidero”. Y en el Talmud (Baba Metzía 58:b) dice: “Quien avergüenza a su compañero en público es como si cometiera asesinato, ya que vemos que el color rojo de su faz desaparece y se pone blanco (como el muerto)” De aquí podemos aprender hasta dónde llega la sensibilidad humana y como debemos cuidarnos, no únicamente con los parientes actuales, sino también con nuestros futuros descendientes para que no los avergoncemos, sino que seamos para ellos una fuente de orgullo e inspiración. Ni siquiera cuando hay una razón válida para hacerlo podemos aprovechar estas circunstancias y avergonzar deliberadamente al prójimo. ¿Qué hay más grave que el pecado del becerro de oro? Avergonzar al prójimo. SHABAT SHALOM Rabino Ilán A. Rubinstein
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