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Purim Hamán estaba desesperado y no podía dormir porque Mordejai el judío no se arrodillaba ante él. Su esposa Seresh, lo calma y le dice que le pida al rey que le permita matarlo y así terminar con esta pesadilla. Esa noche, cuando Hamán va a pedir que lo maten a Mordejai, el Rey le pregunta qué haría él con el hombre que el rey quiere honrar y él le contesta que le ponga su capa y su corona y lo lleve en su caballo pregonando: “Así se hará con el hombre que le rey quiere honrar”. Parecería ridículo lo que pidió, primero, porque pudiera despertar la sospecha del Rey que quiere su lugar y además ¿no tenía nada mejor que pedir?
Tres hombres estaban a punto de ser ejecutados y les preguntan que quisieran comer antes de morir. El italiano responde: -Una pizza de pepperoni- la cual le sirven y luego lo ejecutan. El francés pide un “Filet Mignon”, que le es servido y luego es ejecutado. Por último le preguntan al judío qué quiere comer antes de morir y contesta: “Frambuesas”. -“¿Frambuesas?” -Pregunta el verdugo- pero si están fuera de temporada. -No hay problema -le dice- me espero. Vemos que Hamán no sabía pedir, en vez de solicitarle, por ejemplo, que hiciera un pacto de paz con él y su familia por todas las generaciones pidió honor.
Honor es justamente lo que no tuvo, al tener que llevar a Mordejai en el caballo del rey, con su corona y atuendos pregonando: “Así se hará con el hombre que le rey quiere honrar”. Él pensó que estaba seguro pero terminó colgado sin embargo, Mordejai que debía ser colgado se convirtió en virrey. Quien realmente supo pedir y salió beneficiado es el rey Shlomó, como está escrito en el libro de Melajim I 3:5-9. “Y Shlomó amaba a Hashem siguiendo los caminos de su padre David, pero brindaba sus sacrificios y ofrendas en los altares. Y el rey iba a Givón, donde estaba el Altar principal. 1.000 ofrendas ofreció Shlomó sobre ese Altar. Fue en aquel momento que Hashem se le apareció a Shlomó en un sueño y le dijo: “Pide lo que quieras que te dé”.
Y respondió Shlomó: “Tú has hecho gran misericordia a tu siervo, mi padre David, quien te ha seguido con verdad, justicia y corazón íntegro y le has concedido un hijo que lo suceda en el trono, y yo soy un joven sin experiencia siquiera para salir y regresar.
Y tu siervo está en medio del pueblo que elegiste que es numeroso e incontable. Por tanto da a tu siervo un corazón comprensivo para juzgar a tu pueblo y para poder discernir entre el bien y el mal. Porque ¿quién podrá juzgar a este Tu gran Pueblo? Y este discurso agradó a Hashem, por haber pedido Shlomó semejante cosa. Y le dijo Hashem:
“Puesto que no has pedido para ti una larga vida, ni has pedido riquezas para ti, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti inteligencia para discernir justicia, he aquí que he hecho de acuerdo a tu palabra, dándote un corazón sabio y comprensivo, de modo que nadie hubo antes de ti como tú (en sabiduría), ni habrá otro como tú después de ti. Y también te he concedido lo que no has pedido, también riqueza y honor, de modo que no ha habido entre los reyes nadie como tú, todos los días de tu vida”. Pensemos en las cosas importantes de la vida y trabajemos para ellas, ya que sólo a través de las mismas posiblemente vendrá el honor y las demás ambiciones humanas. SHABAT SHALOM Rabino Ilán A. Rubinstein
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