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Parashat Beshalaj “Y llevó Moisés consigo los huesos de Yosef cumpliendo lo que éste les había hecho jurar a los hijos de Israel para cuando los redimiera el Eterno” (Shemot 13:19) Llega el momento de la salida de Egipto y el pueblo de Israel cumple con la orden de D-os de pedir a los egipcios objetos de oro y plata para que se cumpla la promesa de D-os a Abraham en el pacto de “Betarim” que el pueblo de Israel iba a ser oprimido en una tierra extraña pero después iban a salir con grandes riquezas.
Todos menos Moshé estaban ocupados en esa mitzvá. ¿Qué hacía Moshé? Estaba ocupado buscando los restos (huesos) de Yosef para llevarlos a la tierra de Israel. Yosef había hecho jurar a sus hermanos que lo llevarían a la tierra prometida una vez cumpliera D-os su promesa. Dice el Midrash sobre esta acción de Moshé: “El sabio de corazón que tome las mitzvot”, destacando la obra de Moshé sobre la del pueblo. ¿Cuál es la diferencia cualitativa del acto de Moshé sobre el acto del pueblo? ¿Acaso el pueblo no estaba también haciendo una mitzvá que D-os les ordenó? En una ruta extensa y poco transitada, dos conductores confiados y relajados venían manejando sus autos. 140 kilómetros por hora era la media de velocidad, a veces más, a veces menos. Uno iba por el carril de la derecha y el otro venía de frente por el carril de la izquierda. Y lo inevitable tenía que suceder, en un acotamiento de la ruta ambos decidieron tomar la prioridad de paso, confiados en que iban solos. Cuando se vieron ya era tarde para frenar y el chillido de las llantas dio paso a un estruendoso choque. Por más que frenaron fue un choque frontal a 100 kilómetros por hora, de esos que no se vive para contarlo. El silencio se hizo eterno. Pero en ambos coches, se empezaban a mover los conductores, aturdidos, claro está. Le llevó a cada uno unos momentos darse cuenta lo que había ocurrido y palparse y pellizcarse para cerciorarse que estaban vivos. Milagrosamente los dos sólo tenían pequeños rasguños. Ambos, con dificultad, salieron de sus autos y sintieron alivio al ver al otro salir sano y salvo. Con recelo se acercaron uno al otro y por fin tomándose la cabeza, uno dijo: -Es un milagro, ni más ni menos. -Increíble- alcanzó a decir el segundo. Inmediatamente fue el primero a su auto y sacó una botella de vino que traía debajo de su asiento, que milagrosamente tampoco se había roto y dos vasos de plástico. -Mire mi amigo, hasta la botella se salvó, esto merece un brindis de agradecimiento a D-os- dijo sonriente y el segundo aceptó gustoso. Le sirvió un vaso y éste dijo “a su salud” y se lo tomó, luego vino el segundo vaso y nuevamente las mismas palabras. Terminando el tercero del buen vino añejo, le preguntó: -¿Y usted no se va a tomar un vaso? -No, gracias- le contestó- yo estoy esperando que venga el seguro. Ambas eran mitzvot, pero la del pueblo era netamente material, mientras que Moshé se ocupaba de una mitzvá netamente espiritual. Yosef fue el estandarte de la no asimilación y de la esperanza de la liberación, Yosef significó la continuidad del pueblo de Israel, cuando salían de Egipto era sumamente importante darle a entender al pueblo la finalidad de esta salida, llevar a Yosef a Israel era mucho más importante que llevar dinero. Todos los días cuando decimos la Shmone Ezré comenzamos recordando el mérito de los patriarcas ya que gracias a ellos estamos donde estamos y recién en la sexta bendición de las intermedias le pedimos a D-os por la prosperidad material. El dinero es un medio que nos permite seguir concretando nuestra realidad de vivir como dignos descendientes de los “Padres”, el dinero tiene sentido cuando la vida tiene sentido. Antes de tomarte unas copas para festejar déjale claro al seguro quién tuvo la culpa del accidente, sino esas copas te pudieran salir muy caras. SHABAT SHALOM
Rabino Ilán A. Rubinstein
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