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Parashat Vaerá “Entonces le dijo el Eterno a Moshé: ‘Ve y dile al faraón, rey de Egipto, que deje ir a los hijos de Israel de su tierra’. Y le contestó Moshé: ‘Si los hijos de Israel no me escucharon ¿cómo me va a escuchar el Faraón? Y además yo soy tartamudo” (Shemot 6: 10-12).
Las negociaciones diplomáticas no son fáciles y más cuando uno de los dos está en una posición de extrema desventaja.
Es el caso de Moshé que viene a defender los derechos a la libertad de un pueblo de esclavos frente al amo. En esta parashá, después de la primera presentación ante el Faraón que terminó en fracaso, D-os manda a Moshé por segunda vez a hablar al Faraón para que deje salir al pueblo de Israel de Egipto. Pero si ya Moshé estaba en desventaja, cuanto más lo estaba al ser tartamudo, algo que por sí mismo terminaría rápidamente con la paciencia del rey.
¿Por qué D-os manda a un dirigente tartamudo, que no sabe expresarse, a negociar con el Faraón la salida del pueblo de Israel de Egipto? Generalmente para estas misiones se busca a un gran orador, un hombre especialmente carismático, con una gran capacidad de convencimiento. Un Rab estaba distribuyendo libros de la Torá para que las personas las vendieran y ayudaran a financiar la remodelación de su sinagoga. Un día llegó un tartamudo a ofrecer sus servicios: “Ra... rab, yo qui... qui... quisiera ayudarle a ve... ve... vender la To...rá”. Conmovido por su intención de ayudar, el Rabino le da un lote de libros al tartamudo. Por la tarde, al cerrar cuentas, el Rabino iba preguntando a sus colaboradores: - Tú, ¿cuántas vendiste? -Vendí dos. -¿Y tú? -Vendí una. -Y tú, ¿cuántas vendiste?- le pregunta al tartamudo. -Yo ve... ve... vendí to... todo. -¿Todo? Pero, ¿cómo pudiste vender tanto? -“Es si... si... simple. Yo llegaba con la pe... persona y le pre... preguntaba: ¿Usted va a co... co... comprar una To... To... rá o pre... pre... prefiere que yo se... se la lea?” Es fundamental en este caso entender cuál era la función principal de Moshé. Él no fue elegido únicamente para ser el interlocutor de D-os ante el Faraón, la misión principal para la que fue distinguido era entregar la Torá al pueblo de Israel.
Además de su gran capacidad espiritual, el hecho de ser tartamudo y mal orador le dio una ventaja importante. Si Moshé hubiera sido un gran orador, se pudiera pensar que él engañó al pueblo con su elocuencia, su dialéctica, inventando una Torá mundana. Pero al tener estas deficiencias, cuando el pueblo lo escuchó a Moshé transmitir la Torá de una manera tan clara y concisa, sin una palabra de más, sin tartamudear, no tuvieron duda que estaba hablando lo que directamente D-os le estaba ordenando.
Si bien no fue elegido específicamente por esta deficiencia, la misma terminó siendo de gran ayuda para la credibilidad de Moshé.
Moshé Rabeinu, el tartamudo, pudo “vender” mejor que nadie la Torá.
SHABAT SHALOM Rabino Ilán A. Rubinstein |