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Parashat Shemot Subió un rey nuevo sobre Egipto que no conoció a Yosef” (Shemot 1:8). Con esta frase se inaugura la nueva realidad de los judíos en la tierra de Egipto. Ya no son los venerados salvadores de Egipto, los hombres que gozaban del aprecio y la confianza de los faraones anteriores. Ahora son un pueblo perseguido, quien tiene que luchar contra del exterminio, su propio genocidio. ¿Quién es este nuevo faraón? ¿Qué caracterizaba a este nuevo rey? Un viejo chiste antisemita: El Gobierno de Polonia publica un desplegado en el que anuncia la expulsión de todos los judíos y todos los ciclistas de su país. Dos polacos leen el desplegado, y uno le pregunta al otro: “¿Por qué los ciclistas?” Otra versión: Un alemán le dice a otro: “La culpa de todo la tienen los judíos y los ciclistas”. El interlocutor pregunta: “¿Y por qué los ciclistas?” El Rab. Shimshon Rafael Hirsh Z”L (siglo19) explica que esta era una nueva dinastía que fue elegida por el pueblo, como está escrito: “y le dijo a su pueblo”. Era su pueblo, su gente que lo había apoyado y lo llevó al trono. Como todo rey surgido del pueblo necesitaba congraciarse con las masas y agradecer sus favores y a su vez tener un chivo expiatorio, para eso buscó alguna de las minorías deleznables del pueblo, y que mejor que los judíos, un pueblo extranjero, minoritario, con tradiciones distintas y de dudosa lealtad. Él echó a los judíos a “los leones” e hizo esto de una manera sistemática. Primero les quitó su dinero, como está escrito: “Y pusieron sobre ellos recaudadores de tributos”, luego los esclavizó, como está escrito: “Y construyeron las ciudades de Pitóm y Raamsés” y al final decretó: “todo niño nacido será arrojado al Nilo”, y entre la masa popular encontró gente dispuesta a hacer esto gustosamente sin la mínima piedad ni misericordia. Así se ganó la popularidad. La vida es una rueda siempre pasamos por el mismo lugar tarde o temprano. Este Rabino que vivió en Alemania no se imaginó que sus palabras y las expresadas en la Torá se cumplirían al pie de la letra en la Shoa un siglo después. Pero la Torá es eterna y en ella D-os nos previene de los futuros sucesos. La operación de Israel en Gaza “Plomo fundido” nos vuelve a mostrar cómo el Mundo, casi sin excepción, vuelve a desempolvar y utilizar sus viejos prejuicios antisemitas para condenar a Israel. Pareciera que sólo los civiles palestinos merecen ser defendidos pero los civiles del “agresor” no. Sólo las bombas del ejército de Israel tienen poder de destrucción pero las palestinas parecerían ser fuegos artificiales. Parafraseando el viejo chiste antisemita, si dijéramos, Los israelíes y los palestinos son culpables de la guerra, los líderes de la ONU preguntarían ¿Por qué los palestinos? Legó el momento que las naciones del Mundo entiendan que Israel tiene derecho a defenderse y que no permitirá que extremistas que utilizan a sus propios civiles como escudos humanos y que luchan por nuestra desaparición sigan atentando contra la vida de millones de ciudadanos israelíes. Israel busca y está comprometido con la paz desde siempre, cuando los palestinos entiendan que la existencia de Israel no entra dentro de las negociaciones, quizá se habrá dado un importante paso para lograrla.
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