“Y llamó Yaakov a sus hijos y les dijo: ‘Reúnanse y les anunciaré los que les ocurrirá en los días venideros. Reúnanse y escuchen hijos de Yaakov. Escuchen a Israel vuestro padre’”. (Bereshit 49:1, 2)
En esta parashá llega el momento de la muerte de patriarca Yaakov. Él llama a sus hijos para bendecirlos y advertirlos.
En este momento el Midrash nos deleita con una curiosidad, el origen del Shemá Israel. Cuenta el Midrash que en ese momento los hijos vieron a su padre dubitativo, Yaakov dudaba de la lealtad de ellos para con D-os, entonces todos al unísono dijeron: “Shemá Israel” “escucha Yaakov”, “Hashem Elokeinu” “D-os es nuestro D-os” como lo es para ti, “Hashem Ejad” “D-os es uno” y sólo en Él creemos.
En ese momento Yaakov dijo: “Baruj Shem kebod maljutó leolam vaed”, “Bendito sea Su honorable Reinado por siempre”, en señal de satisfacción.
Esta frase se hizo más tarde célebre, como el grito de fe de nuestro pueblo. Y cada judío de fe las dice antes de dejar este mundo.
Pero su origen muestra un orden inverso, aquí son los hijos los que dicen el “Shemá Israel” y es el padre Yaakov que contesta el “Baruj Shem Kevod” ¿Por qué?
Quizá los Sabios que escribieron este Midrash nos quieren transmitir un mensaje actual y profundo. El “Shemá Israel” debería ser las última expresión de los hijos al padre cuando éste está a punto de partir y no necesariamente la última expresión del padre, ya que lo que los padres necesitan en ese momento es cerrar todas las cuentas y que mejor y más satisfactoria forma de hacerlo que escuchando de sus hijos la afirmación de que ese camino que él recorrió seguirá siendo recorrido por sus hijos.
¡Qué todos tengamos el mérito, en nuestros últimos instantes, de contestarles a nuestros hijos: “Bendito sea Su honorable Reinado por siempre”.