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El judaísmo comprende una religión, un pueblo y una tierra. El monoteísmo ético y el modo ejemplar de vivir la vida que marca a cada instancia de nuestras vidas desde que se nacemos hasta que dejamos este mundo físico, son los fundamentos del judaísmo.

Tres mil trescientos años nos hemos dedicado a sentar un ejemplo y buscar la concreción de las profecías: Un mundo de paz, armonía y espiritualidad.      

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Parashat Tetzavé  
“Y tú ordenarás a los hijos de Israel que te traigan aceite de oliva puro…” (Shemot 27:20). 

En esta parashá no aparece el nombre de Moshé. Constantemente D-os le habla en segunda persona con el apelativo de “tú” o le da la orden directamente: “y harás”.
¿A qué se debe la omisión del nombre de Moshé? 

Este invierno estuve en el Centro Histórico de San Luis Potosí y me llamó la atención una estatua de bronce tamaño natural de un señor, ¿quién? El Señor de las Palomas.
Esta es su historia:El Señor de las Palomas formó parte del paisaje del Centro Histórico durante mucho tiempo.Con su pobre sombrero de fieltro café, su “yompa” ese saco de mezclilla característico de los ferrocarrileros, (el cual usaba no por pertenecer a ese gremio, sino sencillamente por que le gustaba) y su saca de malla en la cual llevaba migas de pan o maíz quebrado, este hombre acudía dos veces diarias a la Plaza de Armas para alimentar a las palomas. Quienes tuvimos la fortuna de presenciar aquel cuadro, difícilmente podremos borrarlo de la memoria. En esta tranquila plaza, era digno de ver como, de pronto, una nube de palomas bajaban desde las cornisas, los campanarios, los árboles, o cualquier resquicio en donde en ese momento se encontraran, todas a una, hacia la calle de los Bravo, o bien por Hidalgo, desde donde se acercaba el Sr. de las palomas. Prácticamente lo cubrían de pies a cabeza, posándose unas en su sombrero, otras en sus hombros, otras se sujetaban con las patitas en los pliegues de su ropa, se posaban en sus zapatos, y, las más ansiosas, metían el pico en la saca llena del alimento que su bienhechor les prodigaba. Esta afición comenzó de manera incidental, alrededor del año 1966 a través de su nieto Arturo que formaba parte de un coro. Una mañana de invierno, los pequeños cantores se encontraron en la plaza con gran número de pichoncitos fuera de sus nidos, a punto de morir de frío. Arturo se compadeció de los animalitos, llevándose varios a su casa, con un poco de miedo de que su abuelo, lo regañara. Para su sorpresa, el hombre lo ayudó a alimentar a los pichones con masa de maíz, y a    los 2 o 3 días, emprendieron la construcción de un palomar, para criar apropiadamente a los animalitos. Al llegar el momento de su jubilación, y disponer con ello de más tiempo libre, sus días se adaptaron a un nuevo programa: por las mañanas, salía al centro a comprar los alimentos para la familia, haciendo un alto en la Plaza de Armas para alimentar a las palomas, tanto le satisfacía esta actividad que volvía nuevamente por las tardes, regresando siempre al hogar antes de  las 8 de la noche, para cenar en familia. Cuentan sus familiares que, durante el desayuno, se ocupaba en reunir los migajones del pan, y desmenuzarlos para que las palomas los pudieran comer. Cuando se intentó exterminar a las palomas, argumentando que destruían la cantera; el Señor de las Palomas, indignado, enfermó por el disgusto, y en cuanto pudo levantarse, movió cielo, mar y tierra, atrajo la atención de los medios, con el apoyo de la pintora Tere Caballero, quien elaboró carteles alusivos, y otras personalidades, finalmente consiguió detener el exterminio, y que el Municipio le adjudicara una pequeña pensión para el alimento de los animalitos. Su reclamo a la autoridad por aquella matanza, durante la cual los cuerpecitos de las palomas eran retirados en carretillas y arrojados a la basura, fue severo, señalando, con admirable sentido común, que “al menos las hubieran hecho en caldo para dar de comer a los necesitados”.   Asignó una habitación de su casa para guardar los costales de maíz destinados a alimentar a las palomas de la plaza, habitación a la que no permitía que ingresara nadie más que él, pues entendía que si el gobierno le daba ese maíz para las palomas de la plaza, ni un grano del mismo debía usarse para un fin diferente. Esta anécdota nos habla de su ejemplar rectitud. Al propio tiempo crecía el palomar de su domicilio particular. Ninguno de sus diez nietos, para los cuales el Señor de las Palomas era un verdadero padre, se atrevía ni siquiera a pensar en lastimar aquellos animalitos, temerosos del castigo del abuelo, sí, pero más que nada, por el ejemplo de bondad y cariño que hacia ellos les daba. Era un hombre que prodigaba su protección a las palomas, sin descuidar a su numerosa familia; sus abundantes nietos recuerdan que, cuando sus zapatos ya no estaban en buenas condiciones, el abuelo les llamaba:"chamaco, venga acá", indicándoles que lo acompañaran a su habitación, a la cual no les estaba permitido entrar a menos que el se los pidiera. Acudían un poco asustados de haber merecido un regaño, entonces Don José sacaba del bolsillo una cinta, con la cual media la longitud del pie, haciendo dos nudos que correspondían a punta y talón. Aquel ritual era aviso seguro de que, por la tarde, el Señor de las Palomas volvería a la casa con un flamante par de zapatos nuevos, de la medida exacta del emocionado nieto....Murió el 28 de Junio de 1987, el Señor de las Palomas dejó de existir a la edad de 89 años.¡Ah!, se me olvidaba, por si a alguien le interesa, su nombre original era José Moreno Díaz. 

No es casualidad que generalmente coincide la lectura de esta parashá con la fecha 7 del mes de Adar, correspondiente con la muerte de Moshé. Dijeron nuestros Sabios, que la omisión nos insinúa la muerte de Moshé.
Esto parecería algo trágico y triste. Sin embargo esta omisión, según mi entendimiento, representa un buen augurio y un importante mensaje.Si bien es cierto que Moshé muere en la fecha en que se lee esta parashá, la Torá nos recuerda a Moshé no por su nombre, sino por sus acciones.Encontraremos en esta parashá, casi más que en cualquier otra, la orden de D-os motivando la acción de Moshé: “Y tú ordenarás”, “Y tú acercarás”, “Y harás vestiduras sagradas”, “Tomarás de entre el ganado”, etc.Esto nos enseña que la mejor manera de recordar a alguien es por sus obras y no por su nombre, porque en definitiva somos reconocidos por lo que hacemos y no por como nos llamamos.

El mismo nombre ‘Moshé’ nos enseña esto. Este nombre, se lo puso la hija del Faraón diciendo: “Porque del agua lo salvé”, el nombre en este caso nos recuerda la buena acción de Batia. Esa misma esencia que fue parte de la vida de Moshé, salvar al pueblo de Israel.
Tengamos siempre presente, que un buen nombre se gana con las buenas acciones.

Asimismo la lectura de esta parashá generalmente coincide con la semana en que cae la fiesta de Purim, la cual conmemoramos por medio de la lectura de la Meguilá entre otras cosas. También en la Meguilá hay una omisión importante, nada más y nada menos que el nombre de D-os. Los Sabios nos quisieron enseñar que debemos aprender a buscar a D-os en sus acciones. En la aparente natural trama de la Meguilá, aparecen escondidos los designios y actos divinos. Si profundizamos en ella veremos asombrosas ‘coincidencias’. Los actos de D-os son su sello de autenticidad, más que cualquier nombre.
Algunos salvan a las palomas, otros, a un pueblo entero, pero ambos son recordados por sus acciones, las que hacen grande a los hombres.

SHABAT SHALOM
  




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